Ha vuelto la calma. Han terminado los exámenes y me he tomado una semana de semi-relax.
Ayer salí. Fue a Madrid a dar una vuelta con una amiga a la que hacía mil que no veía y bueno, si lo sé no salgo de casa. Me pasó de todo.
Por la mañana estuve recogiendo la habitación después del relax de toda la semana, pasé apuntes y me duché antes de comer. Comí y después de recoger la cocina me decidí a terminar de secarme el pelo y alisármelo.
Todo genial hasta que empezó mi racha de mala suerte.
Abrí un armarito que tengo en el baño pegado a la pared para sacar la laca. Me dejé la puerta abierta y al subir la cabeza -me agaché para levantar no sé qué del suelo- casi me la abro en mil pedazos. Me comí todo el pico de la puertecita (todavía tengo el chichón).
Parecía que todo se había quedado en ese golpe tonto hasta que llego a Puerta del Sur y me doy cuenta de que me he dejado la tarjeta del abono metida en la máquina al comprar el abono en mi parada. Me tocó volver (haciendo que llegara tarde) y por suerte algún ser amable se la dio al chico de seguridad (que por cierto, era muy mono), y cuando se la pedí me la devolvió.
Mi amiga y yo decidimos ir a Tiger (creo que cada vez que voy al centro, entro en esa maldita tienda. Me van a arruinar). El caso, que estaba petada la tienda, pero entramos y mientras estamos viendo chorraditas, veo a una puta gitana-rumana metiéndome la mano en el bolsillo. Me la quedo mirando a lo "señora qué hace" y la muy puta sigue juntándose a mi y metiendo la mano. Me giro y la vuelvo a mirar en plan "córtese un poco, que la estoy viendo". Me meto la mano en el bolsillo, veo que no me ha quitado nada, me acerco a mi amiga y le digo "tía ten cuidado que la señora esta de detrás mío está robando a la gente" (todo esto en un espacio minúsculo petadísimo de gente, y yo hablando con todo audible, para que me oyera la señora). Me mira y le echa una mirada a otra y tiran para delante. O SEA SERÁ PUTA. Pensé en decirle algo tipo "señora, quiere algo? ¿Quieres meter también la mano en la mochila? ¿Se la abro?" pero claro, a esas cualquiera les dice nada porque van en grupo y luego para que te den una paliza a la salida o algo sabes.
Pero la cosa no quedó ahí. Íbamos por Gran Vía, y una jodida señora con un carrito me atropelló por detrás y casi me tira al suelo. VAMOS A VER SEÑORA, QUE LA CALLE NO ES SUYA Y QUIERO CONSERVAR MIS TOBILLOS. Lo gracioso es que después de mi tropezón, iba andando por la callé y le di una patada a un mendigo y empezó a gritarme no sé qué, pero eso lo juro que fue sin querer.
Para calmar todo lo que me había pasado decidimos ir al Dunkin de Fuencarral donde por suerte conseguimos esquivar a una mujer que engatusó a unas chicas que había en la mesa de al lado para que le comprasen algo y para evitar cualquier otra cosa nos fuimos deprisa después de tomarnos el café. Después de todo lo que llevaba a lo largo de día, capaz era que la señora me echara un mal de ojo y me cayera a las vías del tren.
Ya, por último, llegué a casa, sana y salva. Hasta que abrí la puerta de casa y me llevé todo el nudillo con la pared. Fue lo último para rematar el día.
Y eso, que casi mejor no haber salido de casa. Lo único bueno es que no pasó nada grave, solo fueron sustos.
Ya volveré por aquí, a ver si más a menudo.
"Porque perdiendo también se gana"